Una nueva manifestación indígena interrumpió este viernes el acceso principal a la COP30 en Belém, donde decenas de miembros del pueblo munduruku bloquearon pacíficamente la entrada durante cerca de dos horas. Con exigencias de diálogo directo con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y denuncias sobre proyectos que amenazan la Amazonía, el grupo paralizó momentáneamente el flujo de miles de delegados de la conferencia climática organizada por Brasil y la ONU.
El episodio ocurre pocos días después de que otra protesta indígena lograra ingresar por la fuerza al recinto, generando choques con agentes de seguridad y críticas a la organización del evento. Para esta ocasión, la seguridad fue reforzada con militares y policías, mientras los manifestantes exhibían mensajes en defensa de sus territorios y contra grandes obras de infraestructura, incluido un proyecto ferroviario de más de 1.000 kilómetros atravesando la selva.
El presidente de la COP30, André Correa do Lago, se reunió con los líderes munduruku junto a las ministras Sonia Guajajara y Marina Silva, reconociendo la legitimidad de sus preocupaciones y prometiendo trasladarlas a las instancias correspondientes. Los manifestantes insistieron en la necesidad de avances reales en la demarcación de tierras y reclamaron la presencia de Lula en las negociaciones: “Queremos ser escuchados”, expresó la líder indígena Alessandra Korap.
Aunque Lula es visto como aliado de las causas indígenas por la homologación de territorios y la reducción de la deforestación, sus críticos señalan demoras en la demarcación y el aval a proyectos petroleros en la región amazónica. Tras la protesta, la entrada principal fue reabierta y la ONU confirmó que la manifestación del viernes no representó peligro alguno, mientras Brasil continúa reforzando la seguridad del evento tras incidentes registrados a inicios de la semana.
